I.
Estructura
y funciones de la Unión Africana
Las Organizaciones Internacionales construyen el
marco para la cooperación, buscando crear ventajas para sus miembros y mitigar
los conflictos entre ellos a través de mecanismos específicos.
La Unión
Africana es hoy el máximo ente organizativo del continente africano. Su origen
se remonta a las primeras ideas del panafricanismo; ideas condensadas en el
formato de la Organización para la Unidad de África (OUA). La reestructuración
de la OUA/UA respondió a los nuevos anhelos democráticos, organizativos e
institucionales que abordaron el continente una vez reestructurado el sistema
internacional bipolar. En 2001, bajo su nuevo formato la Unión Africana tuvo
que afrontar el reto más grande del continente: la segunda guerra del Congo ó
la “primera guerra mundial africana.
Para el
período en que se desarrolló el segundo conflicto congolés, África estaba
asociada en 2.282 esquemas de integración. No obstante la cuantificación de
ellas no va acorde con su eficacia. Y es que mucha de las fallas de los
esquemas de integración y Organizaciones africanas radica en la naturaleza
propia de sus miembros. Las Organizaciones van a depender del grado de
institucionalización de los Estados miembros, y los Estados africanos se han
caracterizado, en numerosos casos, por su inestabilidad política e inviabilidad
económica. Con el advenimiento de una nueva estructura del sistema
internacional, muchos de los Estados africanos se fragmentaron, evidenciando
que la incidencia de la anterior estructura bipolar los mantenía cohesionados y
estables.
El instrumento jurídico de
la Unión Africana
El primer instrumento jurídico de la organización
reposa sobre la Carta fundacional de la OUA adoptada el 25 de mayo de 1963 en
Addis – Ababa, Etiopía. Con el proceso de reestructuración el nuevo instrumento
jurídico reposaría en el Acta Constitutiva adoptada en Lome, Togo, en 2000.
Entre las diferencias de la Organización y la Unión, se observa que la OUA se
manifiesta en contra de cualquier forma de colonialismo, mientras que la UA
establece la unión de todos sus miembros y la promoción de los principios
democráticos, como la meta principal. De esta forma la OUA respondía más a los
eventos de reciente data, relacionados con los procesos de descolonización en
el Continente. Mientras que el Acta Constitutiva de la UA, manifiesta su
inquietud frente a la nueva agenda internacional.
El alcance del neorrealismo en la teoría de las
Relaciones Internacionales
El neorrealismo como teoría sistémica para las
Relaciones Internacionales parte de la idea de la relación entre estructura y
unidades (actores), y como la primera puede influir sobre la conducta de los
actores del sistema internacional.
De esta forma se busca responder en el marco
interdisciplinario ¿cuál es el alcance de neorrealismo, cómo Teoría de las
Relaciones Internacionales, en el estudio de caso? y es que en el marco de la
cooperación la tesis neorrealista se apega a la idea del poder como medio de
posicionarse dentro del sistema, por ende, las Organizaciones lejos de
maximizar las capacidades, son relativas y responden sólo en la medida de los
intereses de los Estados, sobretodo, cuando la coyuntura es un conflicto como
la segunda guerra del Congo (1998 – 2002)
II.A. El Origen del
Neorrealismo y su concepto
Ubicar
exactamente en espacio temporal la construcción del neorrealismo como propuesta
teórica para las Relaciones Internacionales es difícil, no obstante desde la
aparición de la obra de Kenneth Waltz, Teoría
de la Política Internacional en 1979 se estima su concreción absoluta.
Waltz trabajaría implementando nuevos elementos propios de otras disciplinas
cómo las ciencias económicas, en particular la microeconomía, con la finalidad
de responder a las nuevas exigencias de un sistema anárquico. De esta manera el
neorrealismo busca sortear las dificultades del realismo clásico ante la nueva
agenda internacional.
También
conocido como realismo estructural, el neorrealismo se presenta para muchos
teóricos como la reformulación del realismo “(…) pero a diferencia del
realismo, el neorrealismo centra su explicación más en las características
estructurales del sistema internacional y menos en las unidades que lo
componen.”[1]
Puntualmente Kenneth Waltz si bien no le denomina en un primer momento
neorrealismo, describe la teoría sistémica de la siguiente manera:
Una teoría sistémica de
la política internacional se ocupa de las fuerzas en juego en el nivel
internacional, no en el nacional (…) una teoría de política internacional no
implica ni requiere una teoría de política exterior, del mismo modo que una
teoría de mercado no implica ni requiere una teoría de la empresa. Las teorías
sistémicas, ya sean políticas o económicas, son aquellas que explican de qué
modo la organización de un dominio actúa como fuerza limitadora y autorizadora
de las unidades interactuantes. Estas teorías nos informan acerca de las
fuerzas a las que están sujetas las unidades.[2]
La Teoría sistémica y el
enfoque ontológico del neorrealismo
Ya en el marco de la teoría sistémica neorrealista,
una de las dificultades de las Relaciones Internacionales como disciplina es
que ante los diversos paradigmas que se han formulado no hay aún un acuerdo
sobre el número de niveles para someter a estudio. Merece recordarse qué los
niveles son formulaciones epistemológicas[1]
y sus propuestas han variado desde uno, dos y hasta cinco niveles. Kenneth
Waltz ya trataría con los niveles de análisis en su primera obra El hombre, el Estado y la Guerra (1959).
En esta primera oportunidad Waltz se enfocaría sólo en tres niveles al momento
de explicar la guerra; un primer nivel enfocado en la naturaleza humana; un
segundo nivel enfocado en los Estados; y un tercer nivel enfocado en el sistema
internacional.
Y es que si bien no hay consenso sobre el número de
niveles a tratar tampoco existe consenso con las propuestas para diferenciar
los niveles, sean epistemológicos u ontológicos.[2]
“Uno (ontológico) ve los niveles como las diferentes unidades de análisis, y el
otro (epistemológico) los ve como los tipos de variables que explican el
comportamiento de una unidad en particular.”[3]
De acá se expone el carácter ontológico del neorrealismo, centrando su tema en
la naturaleza de las Relaciones Internacionales y describiendo los niveles de
análisis como diferentes unidades.
Efectos de la bipolaridad en la región
Sí bien el
sistema bipolar no alcanzó las seis décadas de vigencia, sí se caracterizó por
su estabilidad. En tal sentido los potenciales desequilibrios en el sistema son
corregidos por las fuerzas internas de los dos grandes poderes tutores. Y es
que bajo la estructura bipolar los grandes poderes confían más en sus propias
capacidades que en la de sus aliados disminuyendo así las posibilidades de ser
arrastrados a un conflicto entre potencias. A
diferencia del sistema multipolar, los terceros Estados no son capaces de
alterar el equilibrio, y donde ambas potencias no alteraran sus estrategias
para satisfacer a sus aliados como si ocurriría en el sistema multipolar.
El efecto de
la bipolaridad mantuvo muchas de las fachadas de soberanía de Estados
disfuncionales que respondían a las tensiones propias del sistema; Estados como
la Somalia de Siad Barre y el Zaire de Mobutu Seseseko funcionaron como piezas
más en la lucha ideológica. Es particularmente interesante el rol activo de
Zaire, hoy República Democrática del Congo, en la lucha contra el comunismo no sólo en
Angola sino en el resto del continente. En 1971 tropas congolesas respaldaron
el gobierno de Nigeria para terminar con la secesión de Biafra. Ese mismo año
restablecieron el gobierno del depuesto presidente de Burundi. En 1982 las
fuerzas terrestres y áreas zairenses
intervinieron a favor de Chad frente a las aspiraciones de Libia. En
1986 respaldaron al presidente de Togo tras un golpe de Estado en su contra. Y
en 1990 ayudaron a contener la invasión, desde Uganda, del Frente Patriótico Ruandés
sobre Rwanda.
Efectos de la
multipolaridad en la región
La
multipolaridad tiene varios aristas meritorias de subrayar acá: difusión de
peligros, confusión de las respuestas a estos peligros, responsabilidades no
claras y el potencial error de cálculo; de donde y quien es el peligro es una
constante en el sistema multipolar. El fin de la bipolaridad y el advenimiento
de la nueva multipolaridad en 1989 vieron el surgimiento de ideas de
triunfalismo liberal como la paz democrática por la cual sería una posibilidad
remota que las democracias se enfrentaran en conflicto armado; idea que se
precipitaría rápidamente. El resurgir de las autocracias y la realpolitik moteó la estructura con
matices básicamente semejantes a las típicas de las estructuras anteriores.
La nueva
agenda internacional cargada con ideas de paz democrática, globalización e
interpedendencia económica, también trajo nuevos retos y amenazas. Conflictos
que ya no se solapan bajo los estándares ideológicos. El resurgir democrático
de Sudáfrica bajo la égida de Nelson Mándela, el éxito aparente de la
democracia en Malí como modelo para África central, han dejado dudas sobre la
viabilidad democrática e institucional en África como mitigadora de conflictos.
Fuentes de la guerra
Revisando los
antecedentes de naturaleza política inmediatos al conflicto, el fin del
conflicto ruandés en 1994 y la caída de Mobutu Seseseko en 1997 en el Congo son
dos hechos clave para comprender el estrepitoso estallido de las hostilidades.
Por un lado Rwanda y las presiones étnicas sobre tierras fértiles provocó uno
de los genocidios más virulentos y grandes de la historia contemporánea,
incitando un gran éxodo de refugiados al Oriente del Congo (refugiados hutus y
tutsis moderados)
Subyace bajo el conflicto étnico - nacional la
distribución de recursos. La segunda guerra del Congo es también llamada la
guerra por el Coltán, ya que este es un mineral considerado estratégico por su
gran importancia en el desarrollo de tecnología de punta de los Estados
desarrollados dominantes de tecnología de vanguardia como Estados Unidos, Japón
y Alemania. El Coltán no es propiamente un mineral sino una aleación de otros:
tantalita y columnita, y su comercialización internacional ha estimulado su
tráfico ilegal. Aprovechándose de la ausencia de un aparato burocrático
legítimo y fuerte, las alianzas de corporaciones con elites locales responden a
las demandas del mercado internacional.
El segundo conflicto congolés involucró un total de
once Estados africanos. Aunado se encuentran cuatro grupos milicianos de
notable envergadura asentados en el Este y Norte del Congo, así como un sin
número de mercenarios y varias compañías militares privadas. Éste gran número
de actores contribuye sin duda con la complejidad del conflicto.
III. D. Actores
involucrados
Los
actores estatales en el conflicto son los Estados de la región de los Grandes
Lagos: Burundi, República Democrática del Congo, Rwanda y Uganda; los Estados
Meridionales de Angola, Namibia, Sudáfrica y Zimbabwe; además de los Estados
Septentrionales de la región Chad, Libia, la República Centroafricana y Sudán.
Además están involucrados indirectamente intereses de los Estados de Kenia,
Mozambique, Tanzania, Zambia y la República del Congo (Brazzaville)
Sobre
los actores no – estatales encontramos, en primer lugar, las facciones
irregulares reconocidas en las negociaciones como el MLC (Milicia de Liberación
del congo), el CCD (Coalición Congoleña para la Democracia), los Banyamulengues
conformados por la mayoría de tutsis desplazados, asentados al Este del Congo y
las milicias Interhamwe, milicia irregular hutu creada y auspiciada en Rwanda
con la finalidad de erradicar a los tutsis tanto de Rwanda como en la República
Democrática del Congo. En segundo lugar, transnacionales y multinacionales
mineras amparadas en contrataciones previas con el Estado congolés que ejercen presión
sobre la oferta del coltán antes de exportarlo fuera del continente. Las
Naciones Unidas han denunciado irregularidades de unas 85 compañías en
violación con las líneas de las multinacionales y a otras 25 se les recomiendan
restricciones económicas. En tercer lugar, las compañías militares privadas,
las cuales prestan sus servicios de seguridad a las firmas mineras así como a
ciertos sectores del Estado para proteger recursos o simplemente eliminar
facciones irregulares. Las compañías
militares privadas han encontrando un gran mercado no sólo en la región de los
grandes lagos, sino en todo el continente africano. Se han hecho de las
ventajas de los recursos minerales durante los conflictos en los que han
participado bien sea directa o indirectamente. Por otro lado, se han
beneficiado enormemente del mercado paralelo de armas, el cual va íntimamente
relacionado al conflicto del coltán u otro recurso. Y es que en África las
Compañías Militares Privadas son el eslabón que completa el círculo letal de los
“nuevos conflictos”.
Unión
Africana: el equilibrio de poder regional 1998 – 2002 y los límites del
institucionalismo
En el balance
de poder, las causas de la guerra y de la paz son meramente funciones. Y las
Instituciones son grandes espejos que reflejan la distribución del poder en el
sistema. Las Instituciones son una variable más.
La percepción
del equilibrio de poder arrojada por el sistema es esencial en el estudio de
caso. La percepción de una estructura unipolar y una estructura multipolar incidió
en el comportamiento de los actores organizativos y estatales africanos. Para
la coalición de Harare (Angola, Namibia y Zimbabwe) el equilibrio regional fue
vulnerado por la agresión de Rwanda en el Congo, lo que en términos de
cooperación dificultó las acciones de la Unión Africana ya que – como se revisó arriba – la estructura
edificada sobre el precepto de la autoayuda dificulta toda acción cooperativa,
lográndose sólo sí se obtienen ganancias relativas.
En palabras de Kenneth Waltz:
Entre
los Estados, el estado natural es el de la guerra. No decimos esto en el
sentido de que la guerra sea constante, sino en el sentido de que si cada
Estado puede decidir por sí mismo cuándo usar la fuerza, la guerra puede
estallar en cualquier momento.[1]
Equilibrio
de poder en la región
El
posicionamiento inicial de Rwanda dentro del conflicto se expresó no sólo en
seguridad nacional – lo que sería una perspectiva unitaria y particular – También
se expresó en la incertidumbre y las intenciones de sus vecinos. Incertidumbre
que potencialmente pueda alterar el equilibrio regional. Rwanda alimentó la
idea de una “Gran Rwanda” controlando el Oriente del Congo en detrimento de las
posibilidades de Uganda y del propio Congo. Y es que la percepción de Rwanda de
un desequilibrio implicó un Congo fuerte.[2]
Era la alteración en la distribución de las capacidades. Por su parte Uganda
frente a las posibilidades de aquella dentro del Congo buscó igualmente
incrementar sus capacidades relativas más allá de sus fronteras,[3] buscando restablecer el equilibrio desde su perspectiva.
Para Uganda una Rwanda fuerte y un Congo “minimizado” representan un peligro
regional. El reacomodo de los actores conformando
alianzas poco duraderas y lo efímero de los acuerdos revela el carácter propio
de la autoayuda y de la seguridad como características de unidad (actores)
Por su parte, para la coalición conformada en
Harare, la percepción del Congo era algo distinta, e incluso contraria a la
percepción de Rwanda y sus aliados. En tal sentido el concepto de balance de poder en el neorrealismo
arroja datos importantes para el estudio de caso:
La teoría del equilibrio de poder alega explicar los
resultados de las acciones de los Estados en ciertas circunstancias y esos
resultados no pueden estar contaminados por las motivaciones de los actores ni
deben estar contenidos en calidad de objetivos dentro de sus políticas (…) Una
teoría del equilibrio del poder adecuadamente enunciada comienza por establecer
presupuestos acerca de los Estados: son actores unitarios que, como mínimo,
procuran su auto – preservación, y, como máximo, tienden al dominio universal.[4]
Limites del
institucionalismo de la Unión Africana.
Como se afirmó, la segunda guerra del
Congo (1998 – 2002) probaría las capacidades reales de la Organización,
convirtiéndose en el reto más grande del institucionalismo del continente. Observándose
que la Unión Africana tuvo una mínima influencia sobre la conducta de los
Estados Involucrados. Por otro lado, por su esencia, las Organizaciones son el
reflejo de sus miembros, y son fuertes en la medida que sus miembros sean
legítimos y fuertes. Se deduce que la OUA/UA responderá en la medida que sus
miembros y actores regionales le legitimen para ello.
Finalmente, al tratarse de un conflicto armado la
Unión Africana se enfrentó a una diversidad de intereses y donde, la asimetría
de la información hace prácticamente imposible nivelar el terreno de juego. De
aquí la importancia de abordar la cooperación desde la óptica del neorrealismo.
Como se pudo apreciar, la teoría sistémica neorrealista hace hincapié en el
efecto de la estructura sobre las unidades y donde el poder como medio
posiciona a los Estados en su búsqueda constante de seguridad y supervivencia.
Y es que frente al limitado institucionalismo, sólo
la actuación del actor guía en la región, la república sudafricana, pudo aminorar
el conflicto bajo el acuerdo de Pretoria de 2002. Demostrando, bajo los
lineamientos teóricos utilizados que la cooperación sólo responderá a la importancia
del poder de los actores involucrados más que al consenso dentro de cualquier
esquema de integración u Organización Internacional.
Se tomó el neorrealismo como modelo teórico, en el
marco interdisciplinario, para responder al estudio de caso, considerando que
la guerra del Congo es un tema de alta densidad que expone el factor poder de
los actores involucrados, posicionándolos, más que incentivándolos a maximizar
sus capacidades en la región. Elementos propios de seguridad
regional están presentes y que son características propias, atribuidas a la causa estructural, a saber:
la incertidumbre, la competencia y la búsqueda incansable de seguridad.
Conclusiones
Se
propuso alcanzar como objetivo general identificar el rol del mayor ente
organizativo del continente africano, como lo es la Unión Africana de cara al
mayor conflicto armado que ha enfrentado la región. Se tomó el neorrealismo en
detrimento del institucionalismo u otra corriente teórica, ya que se apuntó a
describir como el poder como medio ayudó a las unidades a posicionarse sin
importar el llamado institucional de los Organismos Internacionales. Entre los
principales indicios, encontramos que la Organización fue marginada de las
acciones, por actos unilaterales de sus miembros, lo que indicó que el
posicionamiento de las capacidades relativas estaba, sin duda, presente; y más
tratándose, de un conflicto armado. De este modo, el institucionalismo emanado
de la Organización plantea serias dudas sobre su funcionalidad, por lo que
abordar la problemática planteada como coyuntura despierta las sospechas del
verdadero alcance de la institución de corte liberal. Como primer objetivo
específico, se planteó conocer la estructura de la Organización, logrando de
éste modo tener una referencia sólida del Actor regional. En segundo lugar, se
planteó analizar el neorrealismo como teoría de las Relaciones Internacionales
y su vigencia práctica para el estudio de caso. Y es que en el marco de la
cooperación y frente a un tema de alta densidad, el neorrealismo cumple ciertos
parámetros. Cómo teoría sistémica, el neorrealismo apunta a los efectos
estructurales sobre las unidades en juego, y donde la funciones de las
Organizaciones son legitimadas por sus miembros. Una teoría sistémica que
apunta al poder más como un medio que como un fin, y por el cual los Estados se
posicionan dentro del sistema. El neorrealismo se apega al estudio de caso sí
se considera que la coyuntura a tratar en el marco de la cooperación de la
Organización fue un conflicto armado entre Estados africanos, donde el tema de
alta densidad, se deslinda del institucionalismo promovido por el máximo
Organismo de la región. En tercer lugar se revisaron las tendencias y actores
del segundo conflicto congolés desde dos perspectivas, una estructural y otra
unitaria. El objetivo planteado mostró que las tendencias son determinadas por
el cambio sistémico, reflejándose en los actores involucrados. Tendencias que
definitivamente incidirían en los roles participativos. Finalmente y, en cuarto lugar, se concluyó el ensayo con
los límites del institucionalismo en detrimento del equilibrio de poder, aquí es importante el peso valorativo que el neorrealismo le da a la
anarquía, la cual influye de forma determinante en las posibilidades de
cooperar; y es que para el neorrealismo el efecto de la estructura incidirá
sobre la percepción del Estado a la hora de cooperar. En palabras de David
Baldwin: “Los neorrealistas ven la cooperación más difícil de mantener y dependiente
del poder del Estado.
[1]Waltz. Kenneth.
(1979). Op.Cit., p. 151
[2]La República Democrática del Congo es el tercer Estado
después de Sudán y Argelia con la mayor masa territorial del continente. Por su
ubicación estratégica, en el heartland del continente, representa un punto de
quiebre en el equilibrio regional. En su momento fue el pivote geopolítico de
Occidente en la lucha contra el comunismo en África subsahariana como se
mencionó líneas arriba.
[3]Uganda probó sus capacidades más allá de sus fronteras
a un precio alto tras la guerra con Tanzania en 1979. El ejército tanzano tomó
Kampala obligando a Idi Amin aceptar la paz.
[4]Waltz, Kenneth.
(1979). Op. Cit., p. 173
[2] Buzan,
Barry. (1995). The level of analysis.
Problem reconsidered. En Booth, Ken y Smith, Steve. (Ed.). (1995). International Relations Theory Today.
Pennsylvania: The Pennsylvania States University Press., pp. 200 – 201
[3]Idem. Original en inglés: one (ontological) sees
levels as being about different units of analysis, and the other
(epistemological) sees them as being about the types of variables that explain
a particular unit's behavior.
[1]Salomón, Mónica (2001) La teoría de las Relaciones Internacionales en los albores del siglo
XXI: diálogo, disidencia, aproximaciones. (Documento en línea). Disponible
en: http://www.cedep.ifch.ufrgs.br/Textos Elet/
pdf/Salomon.pdf (consulta: 2010, mayo 18)
[2]Waltz, Kenneth.
(1979). Op. Cit., pp. 107 – 108



